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¿Somos las mamás prejuiciosas?

Publicado por Nathalie | 8 December 2014

prejuicios

Si y bastante. La que diga que no, miente. Unas más que otras, sin embargo alguna vez lo hemos hecho o pensado y probablemente haya sido “sin querer queriendo” como diría el dulce Chavo. Incluso a veces no lo notamos. Existe mucho prejuicio en el mundo de la maternidad, bastante para ser sincera. Lo veo todos los días. Lo más extraño es que nos juzgamos unas a otras cuando todas estamos metidas en el mismo saco: la maternidad. Muchas dirán “yo no juzgo” pero alguna vez lo han hecho sin darse cuenta y probablemente sin mala onda.

¿Porqué juzgamos, entonces? Creo yo, y estoy lanzando hipótesis al aire… es que existe mucha competencia o el buscar querer ser la mejor madre. Obvio, ¿Quién no quiere ser la mejor madre o la anhelada “mamá perfecta”? Lo cierto es que no existe  “madre perfecta” ninguna lo somos ni seremos. Lo que podemos llegar a ser, es ser una mejor madre día a día para nuestros hijos, y eso va de la mano con el constante aprendizaje y los errores que vamos cometiendo en el camino… etc. Entonces, si todas pasamos y buscamos lo mismo ¿Porqué nos juzgamos unas a otras?

El otro día, sin ir muy lejos hice un post contando mi experiencia de cómo Joaquin se me perdió, conté que compre un arnés extensible y que eso funciono mucho conmigo… Sin embargo, el arnés no resulto ser querido por algunas y empezaron a juzgar mi decisión (luego de esa desagradable experiencia que no se la deseo a nadie). Cuando abrí el blog, asumí que no todas coincidirían conmigo, y mostró porque tenemos una diversidad de opiniones y no me cierro a ningún consejo siempre y cuando sea hecho en buena onda. Lo que vi, fue unas cuantas mujeres juzgando mi decisión, apuntando con el dedo e incluso tratando de hacerme sentir mal por eso. Gracias a Dios no todas son así, muchas entendieron la razón por la que termine comprando eso, otras incluso me defendieron (y se pusieron en mis zapatos) lo cual es buenísimo porque soy de las personas que cree que siempre es bueno ponernos en los zapatos de otras personas para entender y no juzgar, incluso otras abrieron su mente (eso me encanta) y vieron una opción viable al bendito arnés.

¿Y cuál era el tremendo problema con el arnés? Pues que decían que mi hijo parecía un perro. ¿Y quién pone esos prejuicios? ¿Acaso los niños que usan el arnés se sienten perros? Para nada, ellos ni cuenta. Ese prejuicio lo tienen sólo los adultos. Vemos estos prejuicios desde que nos parece extraño que un niño juegue con muñecas o a la cocina, y que una niña sea incluso tosca al jugar y le guste el fútbol. Ellos ¿Qué sabrán de esas cosas? sus cabecitas están libres de prejuicios y somos nosotros los adultos que las llenemos de ellos.

El prejuicio siempre esta presente, desde que se critica a una mamá por dar 3 años de lactancia hasta a una mamá que nunca dio de lactar. Lo vemos, cuando juzgamos a una mamá por hacer colecho hasta a una mamá que mando a su bebé a dormir a la cuna desde el primer día. Vemos el prejuicio rondar desde que criticamos a una mamá por tener nana, o por salir embarazada ¡de nuevo!, cuando critican la crianza con apego o la crianza NO tan apego. Se juzga a las mamás que trabajan por “abandonar” a sus hijos y a las amas de casa de “mantenidas”. Se juzga a las que circuncidan a su hijo y hasta a las que no lo hacen… a las madres jóvenes e incluso a las mayores, a las que piden cesárea, a las que piden epidural a gritos y a las que quieren parir naturalmente y con todo el dolor de la naturaleza, a las tienen muchos hijos o decidieron tener hijo único, a las se meten mucho en los asuntos del colegio o nido hasta a las que no lo hacen… al parecer nunca se esta conforme con nada.

Lo más triste de todos estos prejuicios es que vienen de madres como tu o yo que vivimos y aprendemos día a día de la tarea más difícil de nuestras vidas: la maternidad. Todas buscamos ser mejores madres para nuestros hijos. Todas amamos incondicionalmente a nuestros hijos y tomemos la decisión que tomemos con respecto a la crianza de nuestros hijos, sea cual sea, no es mejor ni peor que la tuya, simplemente distinta y hay que aprender a respetarla. La comprensión, compasión, unión y camaradería es lo que más debería existir entre nosotras, después de todo, todas compartimos un mismo fin.