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Cuando los hijos se vayan de casa

Publicado por Nathalie | 30 August 2017

Fotografía por Pierina Davelouis Ferrari

No puedo evitar llorar cuando veo una película donde los hijos abren sus alas y salen del nido. Es imposible no imaginarme ese día y aunque sé que es parte de la vida, es inevitable y que los hijos no son nuestros, sino de la vida, me parte el alma sólo imaginar ese cambio tan brusco que nos tocará pasar como padres.

¿Cuántas veces me quejé de Ignacio y de las pésimas noches que pasaba consolando sus llantos o gritos, sin lograr calmarlos ni entender lo que pasaba? O de Joaquín no haciéndome caso y contestando todo lo que yo le decía, cuando prefería dormir a pesar que ellos querían jugar con mamá, las tantas veces que desperté para dar la teta o preparar un biberón, mi nula privacidad para ir al baño sola, mis almuerzos fríos e interrumpidos por un “¡Mamá, ya terminé!”, las leches y jugos derramados y las miles de veces que perdí la paciencia por sonseras.

¿Cómo no extrañar ese olorcito a cochino cuando llegan del nido y te abrazan?, esos cariños toscos de Ignacio saltando sobre mi espalda y cómo le encanta revolotear y enredar mi pelo, de dormir abrazaditos con ellos,  y quedarme dormida oliendo sus cabecitas, cómo no extrañar limpiar esas manitos siempre sucias y traviesas, de las ocurrencias, las frases mal dichas, las risitas contagiosas, los cariñitos, los abrazos espontáneos y los sinceros “te amo mamá”.

Mi casa pasará de ser un laberinto de risas, ruido, caos, dinosaurios, Minions, Buzz lightyear, peleas, llantos, juegos a ser una casa solitaria y silenciosa. Mi televisor volverá a ser mío y dejaré de renegar con ellos por haber usado mi perfil de Netflix para ver sus dibujos y series. Ya no seremos torturados una y otra vez con la misma película o serie infantil de moda que veían sin parar y atrás quedarán los días en los que mamá sabía a la perfección los diálogos y canciones de sus películas favoritas.

Mi apelativo de mamá ya no lo escucharé todo el día como un disco rayado, “Mamá, quiero ir al baño”, “Mamá, ven acá”, “Mamá, ayúdame”, “Mamá, tengo miedo”, “Mamá, no me gusta”… Ahora que lo pienso, ojalá y nunca deje de escuchar “Mamá” cuando se vayan porque eso significa que se acordarán de mí, aunque no vivan conmigo. Me queda claro que probablemente ya no siga siendo la primera opción a la que llamen cuando necesiten consuelo, un abrazo, contención, contar sus ocurrencias, el día a día o sus logros como cuando eran niños, pero que no les quepa duda, que mamá siempre será su eterna fan y estará aquí para apoyarlos cuando más me necesiten.

Inevitablemente la adolescencia llegará y con ella vendrán seguramente muchas discusiones, castigos y portazos junto con ellos y las hormonas. Lejos de ser su confidente, me convertiré seguramente en la persona a la que le oculten sus cosas (ojalá que no), todo lo que yo diga será usado en mi contra y pasaré de ser la heroína a la villana del cuento, pero me quedaré como tal si es necesario, porque ahora que soy mamá, aprendí que ser “villana” en la maternidad, a veces no es malo, sino necesario y bueno para ellos porque los amo.

Con el tiempo seguirán creciendo y sabrán que tengo mil errores, que tuve muchas equivocaciones y con suerte me comprenderán. Entenderán que papá y mamá no son perfectos, que somos humanos y nos equivocamos. Será sólo cuando ellos se conviertan en padres cuando juzgarán menos o acusarán más. Creo que no hay mejor lección que esa, ser padre te hace ver el mundo desde otra perspectiva que no conocías y te abre la mente a otra dimensión desconocida.

Hoy me puse en un escenario en el que no quise estar y quisiera que demore mucho en llegar… aunque parezca exagerado para muchos pensar en un futuro tan lejano, el tiempo es implacable, no tiene un botón de pausa ni retroceso y cuando decide correr, lo hace en un abrir y cerrar de ojos. Lo que me lleva a pensar en disfrutar de esos momentos de los que tanto me quejo sin darme cuenta. Confieso que además de no querer que se vayan, es el miedo que me da por el cambio que supone a mi vida, y aunque parezca muy tentador jubilarme de las malas noches, ruidos, peleas, los lloriqueos, terapias, las tareas y demases, lo cierto, es que dejará un gran vacío en mi tiempo y rutinas, para darle paso a un ¿Y ahora qué hago? Por eso es importante, nunca dejar nuestros sueños de lado, encontrar algo que te apasione, algo tuyo. No dejar de dedicarnos tiempos a nosotras mismas, encontrar un pasatiempo, meternos a estudiar algo, emprender un nuevo proyecto, así como también invertir tiempo en pareja, hacer cosas juntos, viajar, conocer, soñar, planear… porque cuando ellos se vayan, quedarán sólo ustedes dos, que sea una oportunidad para hacer las cosas que siempre quisieron hacer y no pudieron. Mientras tanto, abraza y disfruta el presente, quejate menos y sigue creando recuerdos difíciles de olvidar para ti y tu familia.